El valle de Unciti toma el nombre del río que transcurre entre Monreal y el valle de Izagaondoa. En este pasillo entre montes formado por el río se extienden los caseríos. El ayuntamiento lo forman siete pueblos o concejos: Alzórriz, Artáiz, Cemboráin, Najurieta, Unciti, Zabalceta y Zoriquiáin. Está habitado por algo más de dos centenares de vecinos que se dedican al campo, principalmente al cereal, aunque también se mantienen algunos rebaños de ovejas.
La primera mención histórica del valle es un documento del obispo de Pamplona Pedro de Roda que data del siglo XI, si bien el castro de Iruaga, situado en lo alto de La Peña de Najurieta, retrotrae la ocupación del valle al menos al primer milenio antes de Cristo.
Este valle agrario, que toma el color cambiante de los campos de trigo según transcurren las estaciones, reserva para el visitante gratas sorpresas. A tan solo una veintena de kilómetros de Pamplona guarda rincones e historias que merece la pena disfrutar.
Tras visitar Artáiz nos adentramos en el valle por la NA- 234. Podemos empezar nuestro recorrido acercándonos a Unciti, la capital del valle. Poco antes de entrar en el pueblo, a la derecha de la carretera, están los restos de la antigua parroquia de San Pedro, del siglo XVI. Tienen estas antiguas piedras el encanto romántico que siempre poseen las ruinas. Quedan en pie los muros del presbiterio y la portada de la iglesia. Hoy es el cementerio de la localidad. En su interior podemos ver una pequeña colección de estelas antiguas.
Siguiendo con ruinas que evocan tiempos antiguos, desde el pueblo podemos acercarnos a los restos de la torre de Errondo, Rondo, Raondo o Errondoa, ya que de varias maneras se conoce el lugar. Un grueso muro de dos metros de grosor y más de diez metros de alto de lo que fue torre defensiva medieval recuerda al poblado que existió aquí hasta su abandono en el siglo XV. Este lugar inspiró a Arturo Campión en su relato “El último tamborilero de Erraondo”, cuyo protagonista era de aquí.
En Unciti estaba la desaparecida iglesia de Santa María. Hoy tendríamos que ir al Metropolitan Museum de Nueva York para ver el precioso tímpano románico que la adornaba ya que fue vendido en aquellos tiempos, hoy afortunadamente tan lejanos, en que no se valoraba debidamente el arte ni se creía en su conservación.
Desde Najurieta nos dirigimos a Alzórriz. Lo primero que debemos hacer es echar un trago de la fuente de los tres caños. Pero cuidado: las madres del pueblo desde antiguo aleccionan a sus hijos a beber solo de los dos primeros caños. El caño de la izquierda dicen que es el caño de la Virgen, el del centro el de Dios… y el de la derecha del diablo. Seguro que Miguel Indurain bebió de los caños santos. Su madre es de Alzórriz y en el pueblo residen algunos familiares del ciclista. Todavía el ganador de cinco Tours se deja caer de vez en cuando por aquí.
En el pueblo encontramos la iglesia de Nuestra Señora de la Candela, gótica, del siglo XIV. En el exterior llama la atención su torre-campanario y su curiosa portada. Sobre la fábrica gótica de la entrada se conserva el tímpano adornado con crismón que pertenecía a la anterior iglesia románica. En su interior destaca la balaustrada de madera que descansa en canes decorados, la bella reja del presbiterio, la pila bautismal y la imagen románica de Nuestra Señora de Alzórriz.
Quizás lo más curioso de esta iglesia es una reliquia que hay quien dice es uno de los clavos de Cristo. Se encuentra en el muro, junto a un crucificado del siglo XVI.
En Zabalceta está la Iglesia de San Lorenzo, en un extremo del caserío. Conserva elementos medievales en la torre y la puerta de entrada al templo. Hace años fueron robados aquí un cáliz y una imagen de la Virgen con el Niño del siglo XIII.
La iglesia de San Andrés de Zorroquiáin es también de origen medieval, pero como la de Zabalceta está bastante reformada.
Si te gusta el senderismo, el arte o la arqueología, prueba a visitar mis otros blogs:
El nombre del pueblo es Zoroquiain y no Zoriquiain ni Zorroquiain
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