De la época romana destaca un brazo de estatua colosal de bronce (podemos hacernos una idea del tamaño total de la estatua original) y la escultura de Atis traída de la villa Fortunatus de Fraga.
Muy curiosas son las laudas sepulcrales del siglo IV del yacimiento del monte Cillas realizadas con la técnica del mosaico.
En las salas dedicadas a la pintura y al arte medieval merece destacarse el tímpano en madera de la Resurrección de Lázaro, realizado hacia 1500 Hospital de Nuestra Señora de la Esperanza, Huesca.
Una curiosidad la encontramos en la pintura del Calvario de la sala gótica de Bernardo de Aras, pintado a mediados del siglo XV. Abajo a la derecha vemos a varios personajes disputándose las ropas de Cristo Crucificado. Echan a suertes con unas pajitas, de la misma manera que todos hemos usado para decidir algo en grupo.
También en la sala hay un San Bartolomé, con un demonio encadenado. Nos vuelve a recordar que San Bartolomé es el santo de los exorcismos, el que prevalece sobre los demonios, tal como vimos en el San Bartolomé escultórico que podemos ver en el Panteón Real de la iglesia de San Pedro el Viejo, panteón usado antiguamente como sala de exorcismos.
En las últimas salas destacan una litografías taurinas de Goya. Pero la pintura más valiosa del Museo de Huesca es un gran retrato realizado por el pintor aragonés, cuya autoría fue confirmada hace pocos años por los técnicos del Museo del Prado. Podemos ver la firma de Francisco de Goya en el papel que el retratado porta en su mano derecha. El representado es Antonio Monteagudo.
En la misma sala hay una pequeña obra del romanticismo que destaca, más que por su calidad, por lo enigmática que és. En ella se representa a
dos enamorados ante un ventanal. Si nos alejamos veremos que el cuadro se convierte en ¡una calavera!. La historia de este cuadro es la siguiente: el pintor se enamoro de la hija de su mecenas, pero esta le rechazó. Así que le mandó este “Capricho”, que así es como se titula la obra, para decirle que aproveche la vida, ya que el tiempo pasa y al final a todos nos alcanza la muerte. Puro espíritu del romanticismo. Es obra de Bernardino Montañes, de 1.891.
En la última sala encontramos una de las copias que José Casado del Alisal hizo de su cuadro “La Campana de Huesca”, donde se refleja la leyenda que se dice sucedió en la Sala de Campana, también en el Museo, en la zona del palacio de los reyes de Aragón.
Por último hay expuestas varias obras del artista oscense Ramón Acín. Militó en el anarquismo y fue fusilado durante la Guerra Civil. Es el autor de las pajaritas, uno de los símbolos de Huesca. Aquí tenemos una miniatura de su obra más representativa de la cual podemos ver la original ver en el parque Miguel Servet.
No hay que dejar el museo sin visitar el palacio de los reyes de Aragón, donde se exhiben las exposiciones temporales.
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