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Iglesia de San Pedro el Viejo – Panteón Real

Panteón Real - San Pedro el Viejo - Huesca
San Bartolomé - Panteón Real - San Pedro el Viejo - Huesca El Panteón Real no es ni grande, ni espectacular ni lujoso. Es más, en origen esta era la sala donde se hacían los exorcismos de la gente que se pensaba habían sido abducidos por el diablo. Con algo de imaginación podemos imaginarnos las escenas terribles que debieron suceder entre estas paredes: ojos desorbitados, gritos espeluznantes, recitaciones de pasajes de la Biblia, bendiciones y maldiciones… De hecho, el santo que cuelga de una de la paredes es San Bartolomé, patrón de los exorcismos, que aparece pisando un demonio. Es una bella y estilizada escultura gótica.
Hoy la sala de los exorcismos, tan sencilla, acoge los restos de uno de los principales reyes medievales de la Península Ibérica y clave en la Historia del Reino de Aragón: Alfonso I el Batallador. Reinó entre 1104 y 1134 en Aragón y en Navarra. Era llamado el Batallador por su lucha infatigable contra los musulmanes a lo largo de toda su vida. Les arrebató Tudela, Tarazona, Calatayud y Daroca, siendo su mayor triunfo militar la conquista de Zaragoza, donde siglos atrás había fracasado Carlomagno. Llegó a internarse en tierras de Al-Andalus para asistir a muchos mozárabes que habían quedado sometidos en zona musulmana y traerlos de vuelta a territorio cristiano. Fue también el que promovió el nacimiento de Roncesvalles con el fin de asistir a los peregrinos en el Camino de Santiago.
Sepulcro de Alfonso I el Batallador - Panteón Real - San Pedro el Viejo - Huesca
Hoy reposa en un sencillo sepulcro que no hace honor a su importancia histórica. ¿Cuál es la razón?. Este no era su enterramiento original. El rey fue enterrado en el castillo de Montearagón, en las cercanías de Huesca. El abandono del castillo supuso su expolio, lo que propició que, en el siglo XIX, para evitar el posible robo o destrucción de los restos del monarca, fueran trasladados aquí. Por eso el sepulcro es moderno.
Enfrente de Alfonso está enterrado su hermano, Ramiro II el Monje,  otro rey de Aragón, que fue sacado del convento para reinar cuando la nobleza aragonesa se negó a cumplir el testamento de Alfonso el Batallador de donar el reino a las órdenes militares. Curiosamente este rey, que seguramente fue nombrado esperando su sumisión a los poderes de la nobleza, protagonizó los hechos que dieron lugar a la leyenda de la Campana de Huesca, donde acabó con la resistencia nobiliaria haciendo rodar las cabezas de los nobles más rebeldes. También llama la atención, que un rey que fue monje, acabara con sus huesos en un sepulcro pagano. Y es que para enterrarle se reutilizó un sepulcro romano del siglo II, que artísticamente es lo más logrado del Panteón Real.
Sepulcro de Ramiro II el Monje - Panteón Real - San Pedro el Viejo - Huesca
Completan el panteón un religioso y dos infantes que también se trajeron del castillo de Montearagón y que se encuentran en el espacio que hay entre los reyes y la imagen de san Bartolomé.


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