Hoy quedan en pie las ruinas de lo que en su día fue un hermoso castillo-palacio medieval. Su origen está en el rey Teobaldo II (1.253-1.270). Tras el fin de las dinastías propias de Navarra con la muerte de Sancho VII el fuerte en 1.234, comenzaron a reinar en Navarra reyes de dinastías francesas. Teobaldo II fue uno de ellos. Estos reyes advenedizos ignoraron los derechos de la nobleza Navarra y los usos y costumbres autóctonas. Se rodearon de nobles franceses a los que dieron los cargos de gobierno y de la corte y los privilegios y prebendas derivados de estos puestos. Ello llevó a la oposición y animadversión de buena parte de la población a la nueva monarquía. No eran muy queridos en su nuevo reino.
Tal era la extraña situación entre rey y súbditos, que Teobaldo II se trajo a los artistas y artesanos que trabajaron en el nuevo castillo-palacio desde Francia. Incluso buena parte de los materiales se trajeron desde allí.
Teobaldo II construyó el castillo a modo de los chateaus franceses. Así no añoraba sus queridas posesiones del otro lado de los Pirineos. Era más un palacio que un castillo. Cuando se construyó debió ser el edificio más lujoso de la época en Navarra. Se han encontrado en las excavaciones abundantes baldosas de bella factura traídas desde Francia que son sólo una pequeña muestra del lujo que debió tener la sede real de Tiebas. Además de Teobaldo II aquí residieron Enrique I el Gordo y Carlos II el malo.
El episodio más lamentable de esta situación viciada entre los nuevos reyes y sus súbditos llegó con la Guerra de la Navarrería, en 1.276, ya en el reinado de Juana I. Su tutor, el rey Felipe III de Francia, envió un ejército francés arrasó brutalmente el barrio de la Navarrería, el más antiguo de Pamplona. En esta época también el castillo de Tiebas funcionaba como presidio. Muchos nobles que habían peleado contra la monarquía francesa y bastantes ciudadanos de la Navarrería fueron aquí encerrados. Los muros que ahora quedan en pie fueron testigos entonces de torturas y ejecuciones. El poeta Anelier, testigo de los hechos, describe que muchos rebeldes fueron ahorcados y empalados y que otros fueron traídos al castillo de Tiebas y sometidos a tortura por el gobernador francés Beaumarchais.
Hacia el este tenemos el vano donde estaba la puerta de entrada al palacio de Tiebas. De aquí pasamos a lo que era el patio alrededor del cual se distribuían las estancias.
Podemos apreciar las marcas de cantero en bastantes sillares. Eran la manera en que los grupos de canteros acreditaban el trabajo realizado para después cobrarlo.
Las vistas desde el castillo – palacio de Tiebas son otro de los atractivos de la visita. Hacia el norte se domina Pamplona y buena parte de la Cuenca.
La destrucción del castillo tiene mucho que ver con su posición estratégica como puerta de entrada a la Cuenca de Pamplona. Está justo en el paso formado entre la sierra de Alaitz y la Sierra del Perdón. En 1.378 sufrió el asedio y fue incendiado por tropas castellanas. En las cercanías de las ruinas, donde se encontraba la desaparecida ermita del castillo, se encontró el enterramiento de un defensor del castillo que había muerto víctima de la saeta de un ballestero castellano. La saeta el entró por el cuello y le llegó al cerebro.
Posteriormente, tropas agramontesas en 1.494 volvieron a destruir el castillo, cuando la fortaleza pertenecía a la facción de los beaumonteses en el contexto de la Guerra de Navarra, guerra civil entre estas dos facciones nobiliarias que acabó con la conquista de Navarra y su incorporación a la Corona de Castilla.
Hoy miles de coches pasan diariamente a pocos metros del castillo de Tiebas sin reparar que esas ruinas guardan recuerdo de muchos episodios de la Historia de Navarra. El castillo de Tiebas fue palacio de reyes extraños a la tierra, prisión testigo de ejecuciones y torturas, fortaleza sometida a asedios y destrucciones a lo largo de los siglos, lugar de confrontación de los patriotas navarros contra las tropas de Napoleón… Con razón dicen que las piedras hablan.
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