SEPULCRO DE DIEGO LÓPEZ DE HARO Nájera


En este artículo quiero aportar mi pequeño granito de arena al recuerdo de un gran guerrero. Diego López de Haro fue uno de aquellos caballeros cristianos que se enfrentaron en un inolvidable día del verano de 1212, en Las Navas de Tolosa, a las tropas sarracenas del Miramamolín Al-Nasir. En otros artículos de este blog ya he hablado de la batalla, y, especialmente, del rey navarro Sancho el Fuerte que junto con Pedro II de Aragón y Alfonso VIII de Castilla formaron una gran alianza para crear un ejército que pudiera oponerse a las que se creían invencibles tropas del califa. Las Navas de Tolosa es una de las batallas más importantes de la historia de España. Cambió la historia de la Península Ibérica. Es una de las batallas sobre las que más se ha escrito.
A menudo sólo se recuerda a los tres monarcas que tuvieron el acierto de olvidar temporalmente sus rencillas y unirse para vencer al ejército Almohade. Pero no sólo fueron los tres reyes los que posibilitaron tan crucial victoria. Rodrigo Jiménez de Rada, arzobispo de Toledo, fue el cerebro de la cruzada de Las Navas. El fue el que llevó la organización de tan magna empresa. Del lugar donde se encuentra hoy su sepulcro, un tanto olvidado desgraciadamente, ya escribí este artículo:
Pero otro de los héroes de las Navas fue Diego López de Haro, segundo señor de la casa de Haro y quinto señor de Vizcaya. Este najerense, mano derecha de Alfonso VIII, dirigió a las tropas castellanas en la batalla. De hecho, fue el que inicio las hostilidades contra la línea de frente sarracena en ese histórico día. Hay que destacar el hecho de que, mientras los reyes esperaban su momento para actuar en la fase final de la batalla en la retaguardia, Diego López estuvo en todo momento encabezando a la caballería pesada de Castilla. Durante todo el transcurso de la batalla estuvo luchando y exponiendo su vida en la vanguardia, en lo más duro de la refriega. Junto a él estaban varios de sus familiares que seguían al jefe de la casa de Haro. Así, tanto Diego López de Haro como Rodrigo Jiménez de Rada aparecen junto a los tres reyes en el mejor monumento que se ha levantado en homenaje a los principales héroes de las Navas:

- Monumento a la batalla de Las Navas de Tolosa. La Carolina. Jaen 
Pero, por otra parte, la dictadura de lo políticamente correcto hace que hoy no sea popular hablar de batallas ni de guerreros por si alguien se siente ofendido. Como verás este no es mi caso. Creo que las batallas que jalonan nuestra historia son hitos clave que abrieron las puertas del destino que nos ha llevado a ser hoy lo que somos. Y Diego López de Haro colaboró a abrir una de esas puertas en el campo de batalla de Las Navas aquel 16 de julio de 1212.

En otros ámbitos parece que se quiere quitar importancia a estos guerreros que en su día lucharon, entre otras cosas, por la civilización occidental a la que pertenecemos. Así pasa con Diego López de Haro. Visité el otro día el Monasterio de Santa María de la Real de Nájera. Nájera fue la capital del reino de Navarra cuando todavía se llamaba reino de Pamplona. En el monasterio están enterrados varios de los reyes navarros. Y allí, en el claustro de los caballeros, está el mausoleo de Diego López de Haro. Junto al sepulcro se encuentra el de su mujer Toda Pérez de Azagra, hija del señor de Estella. Un cartel junto a los dos sarcófagos explica de manera sucinta la semblanza de los personajes. Y curiosamente se habla más de Toda que del famoso guerrero. Algo parecido me pasó en el Monasterio de las Huelgas. Allí, la guía ni siquiera mencionó la batalla de Las Navas cuando estábamos junto al sepulcro de Alfonso VIII, el principal promotor de la histórica batalla.
El sepulcro de Don Diego López de Haro en el claustro de los Caballeros de Nájera

Por eso me decidí a escribir este artículo. Has de saber que, cuando visites Nájera, allí, en el claustro de los Caballeros, descansan los restos de Don Diego López de Haro, uno de los nobles y guerreros más importantes de la Edad Media hispana. Participó en dos de las más famosas batallas de la Reconquista: Alarcos, donde sufrió el descrédito de la derrota y las Navas de Tolosa, donde borró toda tacha sobre su persona y grabó su nombre con letras indelebles en la historia.
Antiguamente la corporación municipal de Nájera acudía ante el sepulcro de Diego López de Haro para que, simbólicamente, el señor de Haro ratificará las elecciones de los cargos. Le preguntaban tres veces si estaba de acuerdo y ante su silencio se aplicaba el “quien calla otorga”. Así Diego desde su tumba autorizaba los nombramientos. Era una muestra de respeto de los najerenses hacia su paisano más apreciado.
Por eso, me sorprendió, que en todo Nájera no hubiera una escultura conmemorativa dedicada al noble guerrero. El ayuntamiento, la histórica villa de Nájera, debería apuntarlo en su agenda.
Con respecto al sepulcro, ha sufrido el maltrato del tiempo. El monasterio sufrió la desamortización del siglo XIX con los daños que trajo al patrimonio en toda España. También podemos ver que la cara de don Diego está estropeada. Esto se debe a que el monasterio fue utilizado como cuartel por los franceses durante la Guerra de la Independencia. Los soldados se dedicaban a hacer prácticas de tiro con las esculturas. Habría que ver si esos soldados hubieran sido tan valientes con don Diego en vida. Don Diego, como hombre de armas, tenía que seguir mostrando sus cicatrices aun en su bulto funerario.


El rostro de la estatua funeraria de Don Diego López de Haro

Tanto el sepulcro de don Diego López de Haro como el de su mujer Toda son góticos. En el frente del sepulcro de Don Diego podemos ver el cortejo fúnebre. Allí aparecen clérigos, nobles, damas y caballeros en torno a la tumba que luce los lobos que representaban a la casa de Haro.


Detalle del sarcófago de Diego López de Haro

Sobre el sepulcro del guerrero vemos el escudo de los Haro. Volvemos a ver los lobos campean en el escudo. A partir de Las Navas de Tolosa los lobos se representaron con corderos atrapados en sus fauces. Es una alusión al valor de los lobos-Lope en la batalla y del botín conseguido tras la victoria.
Escudo de la casa de Haro
Orgulloso de su participación en Las Navas no sería de extrañar que a Don Diego le hubiera gustado aparecer en el frente de su sepulcro sobre su caballo, y, a su lado, los guerreros que le acompañaron en Las Navas.
Podemos ver que la tapa del sepulcro es algo más grande que la caja gótica. Es posterior, del siglo XVI. Con este sepulcro ocurrió lo mismo que con los de los reyes y reinas que están enterrados en el panteón real. En el siglo XVI se decidió sustituir los antiguos sepulcros por estatuas de bulto redondo al estilo de la época. De la misma época es el arcosolio que enmarca las tumbas.
La tumba de Diego López de Haro se encuentra en un marco incomparable como es el bellísimo claustro de los caballeros, verdadera joya de la arquitectura que combina de manera admirable el gótico de las bóvedas con el plateresco de las tracerías.
Diego López de Haro murió en 1214, dos años después de Las Navas. Semanas después falleció Alfonso VIII. El rey Alfonso sintió hondamente la pérdida de su leal y valiente vasallo.
Cierran el monasterio y ha llegado la hora de dejar descansar a a Don Diego. Los visitantes siguen recorriendo la bonita e histórica localidad de Nájera. ¿Quién sabe lo que pasa en el monasterio cuando todos se van? Quizás los espíritus de caballeros, reyes y reinas salgan de sus tumbas y deambulen por la iglesia y por el claustro de los Caballeros. Quizás le pidan a Don Diego que les vuelva a contar la batalla de Las Navas, de cómo azuzó su caballo el primero contra los sarracenos, a cuántos enemigos hizo caer o cómo celebraron la victoria los cristianos.
Mientras tanto, ya fuera del monasterio, voy a tomarme algo. Mis pasos me llevan hacia el río. Y, cuando paso junto al bar Las Ocas veo una pintura sobre la pared, junto a la puerta de entrada al bar. Allí aparece un cruzado y, junto a él, el siguiente texto: “Heredero del único cielo, vuelve el valiente cruzado, del sol, el rostro tostado y tinto Rioja en acero. Y las lunas dominadas de los infieles cautivos, mil caballos, mil victorias, mil cimitarras ganadas. “ No me cabe duda que ese guerrero con la cruz en el pecho y cubierto con cota de malla es Don Diego López de Haro, najerense y señor de Vizcaya.


Pintura mural en el bar Las Ocas




© Julio Asunción

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